sábado, 4 de agosto de 2012

Revista Con-versiones. "Esas Raras Manías de amor"




ESAS RARAS MANÍAS DE AMOR
Vanesa Guerra

¿Qué quiere decir pensar en alguien?
quiere decir, olvidarlo, y despertar
a menudo de ese olvido...

Roland Barthes

Pienso en vos, te recuerdo. Recorto imágenes de una vasta realidad acontecida y decido escribirte; como un intento -vano- de retenerte y recrearte.
La realidad es eso: lo efímero que transcurre. El resto, tal vez sea amor.
¿ Y si de modo repentino te convirtieras en mi interlocutor?
Probablemente no sólo conocieras mis secretos, también tomarías contacto con las complicaciones. No sé muy bien de qué te estoy hablando, es casi una falta de respeto acosar al otro con tanta intimidad desordenada. Pero, la distancia y las situaciones inconclusas generan este tipo de rarezas.
Insisto: Buenos Aires puede ser totalmente árido en verano. Y no son las calles que alguna vez caminamos juntos y el asfalto imprudente que acumula calor y te quema las suelas de los zapatos; ni siquiera los kioscos cerrados en plena tarde cuando más los necesitás, ni la bici que se desinfla por el sol, ni la gente que deambula por todos lados...
Nuestro personaje busca un enlace. Tantea. Prueba sonidos y palabras, necesita llegar al otro, cercarlo con imágenes, gratificarlo o regocijarse en ellas. Quizá tenga algo para decirle. Quizá no; sin embargo, no puede evitarlo y le escribe.
Más allá de geografías posibles, se instaura la dimensión de la escritura. Siempre, incluso allí donde los amantes se amasan, puede dibujarse el plano geográfico de la distancia:
El otro -siempre otro- tan ajeno a uno.
Motivo celta (s.VI)

La inexorable distancia que existe del uno al dos, es como el abismo infinito que separa del otro. Una brecha imprudente, sutil, impostergable. Todos sabemos, que en realidad Aquiles y la Tortuga se amaban, ahí, en el espacio infinito donde se fuga el tiempo.
Te doy mis imágenes, para que comprendas qué siento. Imágenes precarias.
El otro ama la melodía de la voz con que el relato lo envuelve, o el ritmo singular de la escritura, mas nada comprende de aquellas imágenes preciadas: fragmentos de vida del ser amado teñidos de nostalgia o risa.
Te cuento mi vida o un atardecer en París, o mejor aquella noche de lluvia mientras miraba el mar o aquella tormenta negra o la casa silenciosa de mis abuelos y la bomba de agua y el balde metálico y la parra verde, en verano, cuando robaba uvas...
Y se pierden en los detalles, en lo nimimo de una vida -más- cualquier vida, sólo que ellos –los amantes con sus vidas- se aman y amanecen sin dormir.
La escritura del detalle es la escritura amorosa. Una letra particular que mantiene en jaque y al mismo tiempo deja expuesto a aquel que permanece atrapado en los movimientos del otro. Observaciones sensatas, pero excluidas de contexto para cualquier tercero que realizara una mirada desde afuera.
Sólo los enamorados y los niños llevan el corazón oprimido.
El detalle de un brillo en la mirada, un silencio inoportuno, el mínimo gesto de pereza descortés, un cambio de tema, una asociación alertante de ideas, un roce entre manos, un encuentro fortuito, -entre otras cosas- engendran el universo acuático de quien se encuentra enlazado a otro.
Universo: el enamorado gesta el universo en el otro, por el otro y para el otro.
Acuático: sin embargo, la imagen del otro en algún momento hace agua y el universo se diluye.
¿Por qué será que los afectos invaden creando una extraña sensación de "para siempre"? Los afectos hacen de cada vida una ficción. La Realidad, se encuentra muy lejos del ser afectivo, se encuentra muy lejos de lo humano. La Realidad, para los humanos no existe.

Motivo celta (s.VI)

Debo conservarte -en una lata de conservas- para que no te arrugues con el tiempo; para no presenciar tus cambios, ni tus matices ocultos, ni tus sombras. Para soportar el amor que te di y el que me diste y poder ubicarlo en algo más grande que una caja de zapatos. 
Palabras. El otro siempre otro, ser de palabras, relato múltiple al que no pertenezco, salvo para convertirme en un relato más.
Quiero escucharte, quiero que me cuentes todo, ahora.
Los amantes se escuchan en el filo de la desesperación y generan el tiempo de la urgencia, como si pudieran percibir en ese preciso instante que jamás podrán capturar al otro en algún lugar del alma.
Es que estoy con vos pero igual te extraño. 
La realidad es eso, lo efímero que transcurre, el resto tal vez sea amor.
¿El resto? Los trazos que el amante se lleva en su partida, rasguñan a lo lejos la memoria de quien se queda.
Te recuerdo así, así como vos no te recordás
Más allá del desacuerdo, está la mirada de uno y la mirada de otro. Lo que marcó el cuerpo de uno y lo que marcó el cuerpo del otro. Diferencias. Trazos y retazos, tan conmovedores, tan nimios, tan absurdos, tan frágiles, tan ajenos, tan extraños.
Maletas de recuerdos imprecisos y triviales, definitivamente arrojados a un intercambio infausto.
El amor invita a esas extrañas manías, como una rara forma de soportar el resto, pues conocer al otro es, en ese punto, una tarea imposible. Los amantes se amasan en la ignorancia. Inevitable.

EXTRAÍDO DE REVISTA CON-VERSIONES
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ALGUNOS COMENTARIOS ACERCA DEL ARTÍCULO:
La autora describe brillantemente los desfiladeros del encuentro amoroso en su dimensión de experiencia. En donde amar al otro es amar el resto, el detalle y el recorrido mismo del detalle. Compartimos esta concepción psicoanalítica del amor, según la cual el reconocimiento de la diferencia,  de la irreductibilidad que existe entre dos seres, es justamente aquello que permite al amor sostenerse en en tiempo.

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