domingo, 24 de junio de 2012

El sujeto en psicoanálisis


Como punto de partida, podemos decir que el psicoanálisis no es una psicología de la superficie, y que por lo tanto, no trabaja con un individuo al que habría que adaptar. El psicoanálisis como “psicología de las profundidades” inaugura una concepción de sujeto que tiene consecuencias epistemológicas.
Freud le otorga un lugar epistemológico a lo que la medicina no podía curar, lo que la ciencia no podía explicar, lo que la psicología académica dejaba por fuera: el sujeto del inconsciente. El sujeto en psicoanálisis es dividido, sexuado, deseante, del inconsciente.
La gestión freudiana descubre en lo inconsciente el valor de fuente y causa de los procesos psíquicos, haciendo que lo “irracional” se transforme en material de análisis. A modo de contracorriente, el psicoanálisis invita a respetar la letra, escribir el error para descifrar su sentido pleno. Elevar la equivocación a la categoría de elemento útil es ya una transgresión epistemológica que devela una confianza en la verdad inconsciente.
En el marco de las teorías de la subjetividad humana, la originalidad del psicoanálisis consiste en alojar la singularidad del sujeto y orientarla en la búsqueda de las causas. Epistemológicamente, la verdad se localiza en el sujeto. Podríamos encontrar cierta similitud con el planteo filosófico del hinduismo, con la salvedad de que el sujeto del inconsciente no tiene nada de espiritual u ontológico, es más bien un sujeto histórico que desconoce sus propias marcas.
C. Soller describe al psicoanálisis como “una terapia que no es como las otras”, afirmación que podemos fundamentar si recordamos la modalidad de funcionamiento del discurso psicoanalítico. Este discurso, es diferente por tomar aquello que los demás discursos rechazan. Podemos ser aún más explícitos y decir que el psicoanálisis es un discurso que está para alojar lo que los demás no curan. Lo que no tiene cura es el deseo y la falta de relación sexual. El psicoanálisis presta un espacio para que “lo incurable” sea simbolizado e imaginarizado, para que lo rechazado se integre de algún modo a la historia del sujeto.
La concepción de sujeto en sentido psicoanalítico aún genera asperezas al momento de interactuar con otros discursos y/o disciplinas relacionadas con la salud. Sabemos que Freud intentaba hacerle un lugar al psicoanálisis en el ámbito médico, estableciendo los rasgos diferenciales de cada abordaje y abriendo a la posibilidad de trabajo conjunto, digamos  interdisciplinario.
Decía que la invención del psicoanálisis tuvo como efecto la creación de un lugar para el sujeto del inconsciente, aquello que no cuadra con la razón y la lógica positivista. Por este motivo, el dispositivo analítico representa un lugar diferente a los lugares institucionales que poseen cierta oficialidad acorde con la lógica de la razón. En la escuela, la familia, el trabajo, no hay un lugar para el sujeto del inconsciente. Estos lugares se ocupan en relación a las “redes del poder” como afirma Foucault, el que habla y el que escucha, el que enseña y el que aprende, el que dictamina y que obedece, etc.
El psicoanálisis produce una inversión, ya que el analizante es el que habla y el analista es el que escucha, precisamente porque el lugar del analista no es un depósito de saber científico. Por otra parte, el espacio psicoanalítico introduce otro tiempo diferente al tiempo de la clínica médica, la oficina. En este sentido el dispositivo no puede aplicarse de cualquier manera y en cualquier lugar.
Nuestras intervenciones a nivel social se encuentran limitadas no solo por la transversalidad institucional al decir de R. Lourau, sino también por la misma concepción de sujeto con la que trabajamos. La renuncia a colocar nuestra función del lado de las soluciones mágicas y homogéneas nos impide trabajar a nivel de las generalidades de las grandes masas. La elección de una psicología de las profundidades lentifica el cambio de las superficies, cambio ansiado en una época que privilegia la rapidez y la eficiencia.
En estos puntos que delimitan el terreno del psicoanálisis, situamos el inconveniente y la apuesta. El hecho de que no sea una ciencia genera descalificación en el ámbito de saber científico, pero por no ser una ciencia, calificamos al psicoanálisis como método eficaz.


Ps. Paula Lucero

1 comentario:

  1. Me ha parecido muy productivo e interesante el artículo. Felicidades, tanto por este como por el de los cuatro discursos.

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