Como punto de partida, podemos decir que el psicoanálisis no es una
psicología de la superficie, y que por lo tanto, no trabaja con un individuo al
que habría que adaptar. El psicoanálisis como “psicología de las profundidades”
inaugura una concepción de sujeto que tiene consecuencias epistemológicas.
Freud le otorga un lugar epistemológico a lo que la medicina no podía
curar, lo que la ciencia no podía explicar, lo que la psicología académica
dejaba por fuera: el sujeto del inconsciente. El sujeto en psicoanálisis es
dividido, sexuado, deseante, del inconsciente.
La gestión freudiana descubre en lo inconsciente el valor de fuente y
causa de los procesos psíquicos, haciendo que lo “irracional” se transforme en
material de análisis. A modo de contracorriente, el psicoanálisis invita a
respetar la letra, escribir el error para descifrar su sentido pleno. Elevar la
equivocación a la categoría de elemento útil es ya una transgresión epistemológica
que devela una confianza en la verdad inconsciente.
En el marco de las teorías de la subjetividad humana, la originalidad
del psicoanálisis consiste en alojar la singularidad del sujeto y orientarla en
la búsqueda de las causas. Epistemológicamente, la verdad se localiza en el
sujeto. Podríamos encontrar cierta similitud con el planteo filosófico del
hinduismo, con la salvedad de que el sujeto del inconsciente no tiene nada de
espiritual u ontológico, es más bien un sujeto histórico que desconoce sus
propias marcas.
C. Soller describe al psicoanálisis como “una terapia que no es como
las otras”, afirmación que podemos fundamentar si recordamos la modalidad de
funcionamiento del discurso psicoanalítico. Este discurso, es diferente por
tomar aquello que los demás discursos rechazan. Podemos ser aún más explícitos
y decir que el psicoanálisis es un discurso que está para alojar lo que los
demás no curan. Lo que no tiene cura es el deseo y la falta de relación sexual.
El psicoanálisis presta un espacio para que “lo incurable” sea simbolizado e imaginarizado,
para que lo rechazado se integre de algún modo a la historia del sujeto.
La concepción de sujeto en sentido psicoanalítico aún genera asperezas
al momento de interactuar con otros discursos y/o disciplinas relacionadas con
la salud. Sabemos que Freud intentaba hacerle un lugar al psicoanálisis en el
ámbito médico, estableciendo los rasgos diferenciales de cada abordaje y
abriendo a la posibilidad de trabajo conjunto, digamos interdisciplinario.
Decía que la invención del psicoanálisis tuvo como efecto la creación
de un lugar para el sujeto del inconsciente, aquello que no cuadra con la razón
y la lógica positivista. Por este motivo, el dispositivo analítico representa
un lugar diferente a los lugares institucionales que poseen cierta oficialidad
acorde con la lógica de la razón. En la escuela, la familia, el trabajo, no hay
un lugar para el sujeto del inconsciente. Estos lugares se ocupan en relación a
las “redes del poder” como afirma Foucault, el que habla y el que escucha, el
que enseña y el que aprende, el que dictamina y que obedece, etc.
El psicoanálisis produce una inversión, ya que el analizante es el que
habla y el analista es el que escucha, precisamente porque el lugar del
analista no es un depósito de saber científico. Por otra parte, el espacio
psicoanalítico introduce otro tiempo diferente al tiempo de la clínica médica,
la oficina. En este sentido el dispositivo no puede aplicarse de cualquier
manera y en cualquier lugar.
Nuestras intervenciones a nivel social se encuentran limitadas no solo
por la transversalidad institucional al decir de R. Lourau, sino también por la
misma concepción de sujeto con la que trabajamos. La renuncia a colocar nuestra
función del lado de las soluciones mágicas y homogéneas nos impide trabajar a nivel
de las generalidades de las grandes masas. La elección de una psicología de las
profundidades lentifica el cambio de las superficies, cambio ansiado en una
época que privilegia la rapidez y la eficiencia.
En estos puntos que delimitan el terreno del psicoanálisis, situamos
el inconveniente y la apuesta. El hecho de que no sea una ciencia genera
descalificación en el ámbito de saber científico, pero por no ser una ciencia, calificamos
al psicoanálisis como método eficaz.
Ps. Paula Lucero
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